Mamá:
Esta pequeña antología tiene como objetivo principal el agradecerte, de la manera más sincera, todo lo que has hecho por mí y por la familia de la cual eres pionera. Agradecerte por todos lo momentos, desde los más felices hasta los más entristecedores, en los cuales siempre has estado presente de manera incondicional, ya que durante el pequeño transcurso que he recorrido en el largo camino de la vida, hemos vivido momentos que están llenos de inolvidable felicidad, sin embargo, cuando la penumbra se acercó a mi existencia, tú has permanecido a mi lado apoyándome, aconsejándome en los momentos que más lo necesitaba y gracias a eso he sido capaz de superarlos, y seguir adelante, y a pesar de que guardo con excelso cariño todo espacio que hemos compartido, prefiero recordar sólo aquellos en los que una sonrisa se vislumbraba en tú rostro.
Te agradezco por todo el esfuerzo y sacrificio que sin búsqueda de remuneración, realizas día con día, con el fin de que toda la familia se encuentre en el mejor estado posible, levantarse a las 5:00 de la mañana, cuando por la preocupaciones del hogar apenas has dormido unas cuantas horas, realizar los quehaceres de la casa, buscar siempre el bien con las mejores intenciones y hacer otro sin fin de tareas que se presentan durante la cotidianidad no es algo sencillo, y tú, que con tanto júbilo lo realizas, es más que honorable, de verdad, no conozco a ninguna otra persona en el planeta que tenga un mayor ímpetu que tú, siempre que te has encontrado frente a una circunstancia que parece un callejón sin salida, y que la vida parece que te ha dado un gran golpe del cual se vislumbra difícil de levantarse, te levantas y consigues seguir adelante como una verdadera heroína salida de cuento de ciencia- ficción.
Por lo que recalco, el inmenso orgullo y felicidad que me causa el ser tu hijo.
Por cierto: el orden de esta antología se encuentra estructurado de la siguiente manera: la primera parte busca de manera cronológica realizar un tributo a algunos de los momentos más gloriosos de tu vida (el ejercer tu profesión, el nacimiento y cuidado de tus hijos además del amor que probablemente sentiste al conocer a mi padre), y una segunda parte que profesa mediante palabras que parecen haberse escrito precisamente para esta antología, el agradecimiento que siento hacia tu persona.
Por último, espero disfrutes de esta pequeña recopilación que con mucho cariño y entrega he hecho para ti.
Mi madre ese ángel
Mi madre vino a la Tierra,
Con la esperanza
De romper lo malo y coser lo bueno,
Tijera y aguja en mano.
Su afán por matizar
Arcoíris y ternura,
Hizo un jardín de esperanzas
De donde brotaron tres espliegos,
Que a fuerza de arrullos,
Manos balsámicas,
Sortearon las travesías del pasado.
¡Qué cosas!
Estos corazones
No fueron humildes
Ni sencillos,
Como ella hubiera soñado.
Hoy,
Los días grises han desaparecido
Y nuestras almas se reencuentran…
Madre,
¡Ya no te afanes!
Ríete de la vida,
Olvídate de las dietas,
Y cosecha las flores con versos de amor,
Que nunca se escriben en vano.
René Chacón Linares
Los sembradores
A los maestros de escuela.
Está bien; el reposo del sembrador es justo
después de la fatiga; que el ademán augusto
con que a la tierra arroja, serenamente, el grano,
es bello, mas , a veces, llega a cansar la mano.
Está bien; un instante de calma reflexiva,
no de abandono inútil ni de pereza altiva.
Cuando el guerrero pasa, tras el combate rudo,
las gentes que a lo lejos miran brillar su escudo,
resplandecer sus armas, y en el tropel sonoro,
sienten venir el triunfo bajo nubes de oro,
agitan en el aire banderas y laureles,
y enfloran el camino de carros y corceles.
Y todo vibra entonces: las almas y la tierra,
Y el cielo se empurpura como visión de guerra.
La muchedumbre en ímpetus de mar, se encrespa y
Y el regocijo loco de la victoria, clama: (brama
“Ve a reposar guerrero; recibe nuestra ofrenda,
Y haya amor en tu vida, y haya paz en tu tienda.”
Y el héroe llega y hace, tras el combate rudo,
un cabezal del casco y un lecho del escudo.
Cuando el artista vuelve, pensativo y risueño,
cual se vuelve de un éxtasis, del país del ensueño,
y esconde entre la angustia, que a su vida sofoca
un anhelo en el alma y un ósculo en la boca;
cuando arrancó al misterio de la Eterna Belleza
una obra perdurable de goce o de tristeza,
una obra milagrosa de bien y de confianza,
una obra sacra y pura de amor y de esperanza,
la multitud se acerca, curiosamente muda,
y en la casita de Madona y en la Venus desnuda,
a los pies de la arcada que se eleva hasta el cielo,
en la página abierta, donde tienden el vuelo
las divinas estrofas, o penden de una estrella,
las hamacas de sueño de una música bella,
pone su beso, como si una oración ferviente
dejara en él; y ciñe la luminosa frente
que bajo la melena, que es como negra espuma,
brilla con los reflejos del sol entre la bruma;
y dice: eres el genio, merecen la corona
tu música, tu verso, tu Venus, tu Madona.
Entonces, conmovida, la multitud exclama:
es hora del reposo; si la quietud te llama,
tras la labor profunda, tras el bregar sereno,
artista, duerme y sueña, sobre ese blando seno.
Y así es como se dobla, como al viento la espiga,
el artista rendido de gloria y de fatiga,
Mas nosotros no hemos concluido la tarea;
nos detenemos para tomar aliento; sea,
después en marcha, que urge seguir sembrando granos
de verdad, en los tristes y hondos surcos humanos.
Una turba de almas recién nacidas late
en torno nuestro; es fuerza aprestarla al combate.
Nuestro oficio es humilde, pero tiene sus galas;
es el de abrir los cálices y desplegar las alas;
es el mismo trabajo que hace la primavera…..
y una turba de aves y flores nos espera.
Apresurad las manos, no habrá fuerza perdida,
La turba está impaciente por conocer la vida.
No detenerse , en marcha; la primavera nunca
abandona el trabajo ni deja labor trunca;
que no serán bastantes los pájaros que vuelen,
las rosas que perfumen, ni las almas que anhelen
amor y luz.
Precisa que dejemos abierta
de par en par, y a todos los vientos, nuestra puerta,
templo que abriga dulces y profundos cariños,
y un culto: la inefable religión de los niños.
Aquel que entre nosotros desmaye o desaliente;
aquel a quien no importe que la rosa reviente,
ni pugne siempre porque la nueva vida vibre
feliz, radiante, pura, dominadora y libre;
aquel de entre nosotros que no sienta el anhelo
de abrir botones de almas, de preparar el vuelo
a espíritus que apenas se asoman al oscuro
abismo de la vida, curiosos de futuro;
aquel que no posea la fe, la fe bendita,
la fe que entona y salva, la fe que resucita,
no siembre con nosotros, su esfuerzo será vano;
que la semilla santa no ocupe más su mano;
nunca a los sembrados del provenir les falta
la fe que santifica, la fe sublime y alta.
Pasa, guerrero altivo; retemblará la tierra
bajo los duros callos de tu corcel de guerra;
recógete en tu tienda, tras el combate rudo,
y haz cabezal del casco y haz lecho del escudo
Pasa, inspirado artista, pensativo y risueño,
que llegas como en éxtasis , del gran mundo del sueño
inmortal es tu gloria; la multitud te ama,
reposa dulcemente; si la quietud te llama,
tras la labor profunda, tras el bregar sereno,
artista, duerme y sueña sobre ese blando seno.
Descansa en tu epopeya, guerrero; a ti, laureles;
duerme en tu olimpo, artista; a ti, espíritus fieles.
nosotros no podemos reposar; nos aguardan;
dañaremos la vida si las manos se tardan,
si el afán se entorpece, si van los anhelos…..
en las ramas hay flores y en los nidos hay vuelos.
Nuestro oficio es humilde, pero tiene sus galas;
es el de abrir las rosas y desplegar las alas;
eso mismo que hace gentil la primavera….
¿Quiénes somos? Tenemos abnegación sincera;
si nos ven desde abajo, desde torpes empeños,
entonces nos desprecian porque somos pequeños.
Si nos ven desde arriba los que piensan y aman,
entonces somos grandes y entonces nos aclaman.
Somos los sembrados; arrojamos los granos
de verdad en los tristes y hondos surcos humanos;
sembramos, y la espiga brota rubia y derecha
Dios riesga los sembrados y el provenir cosecha.
Nos hemos labrado mármoles, ni hemos alzado arcadas,
ni en estrofas divinas, ni en músicas aladas
nuestro ideal pusimos; somos los sembradores,
los que despliegan alas y van abriendo flores.
Guerrero, artista, el alma vuestra gloria no anhela;
de par en par abrimos las puertas de la escuela,
y allí rendimos culto, con fervor de cariño,
a una piedad suprema: la religión del niño.
Sin embargo, no hemos concluido la tarea;
nos detuvimos para tomar aliento, sea…..
Después en marcha, amigos, que hay que ir echando granos
de amores y esperanzas e los surcos humanos.
Luis Gonzaga Urbina
Canto Nupcial
Un nuevo hogar es huerto florecido
De jazmines, y lirios, y azahares,
Entre cuyas alburas estelares
Se estremece el amor como un latido.
Surge de cada flor, de cada nido,
un verso del Cantar de los Cantares
y pasan, del Hermón por los pinares,
suspirando los vientos de un gemido.
De Galaad por los collados bajan
triscando las ovejas. En las viñas
de Engaddi el zumo los racimos cuajan;
mientras la esposa ve, desde el umbroso
retiro, que atraviesa las campíñas
y se acerca a sus puertas, el esposo.
¡Oh, esposa! Virgen y radiante, mira:
el amor en sus ojos centellea
y el coro de los sueños le rodea
y a su oídosolícito suspira.
A infundirte su alma sólo aspira.
Su cerebro, que es urna de la idea,
Cual una forja ignífera chispea.
Canta su corazón como una lira.
¡El coro de los sueños! Los amigos
del esposo, que en júbilo inundados,
de su dicha inmortal serán testigos…
Los recuerdos del niño, los anhelos
viriles que le ascienden, ya encarnados,
en su viaje contigo, hasta los cielos.
Y a ti, joven y fuerta, en los umbrales
del sagrado refugio, jubilosa
te espera amante la rendida esposa
bajo los resplandores otoñales.
Tampoco sola está: las virginales
compañeras, de frente ruborosa,
tienden sobre ella su dosel de rosa
al compás de los cánticos nupciales.
Son las ansias sin fin, las esperanzas,
las ilusiones del amor, venidas
de azules y profundas lontananzas.
Todos alzan un himno al varón fuerte
Que ha de llevar dos almas y dos vidas
A través de la vida y de la muerte.
Luis Gonzaga Urbina
Hacia Atrás
La carcoma nació, supongo,
en aquella alacena que salvé
de mudanzas e inundaciones.
Su taladrar es lento
y su microsonido es incesante.
Acaso se ha alimentado meses y meses
del polvo fruto de su trabajo.
Se diría que ignora mi existencia
Aunque estoy enterado de la suya.
A mi vez taladré sin darme cuenta
Un madero que desconozco.
Eugenio Montale
Adopción
Acojo al recién nacido,
Al polluelo cuyo nido
se perdió en la tempestad,
No vacilo irresoluto,
y el pobre huérfano es fruto
de dulce perversidad.
En el humus que prodiga
fuerte sabia, la boñiga
estuvo en fermentación.
No temo por el infante,
porque miro en el diamante
el progreso del carbón.
¡Cuán oscuro el atavismo!
Hay quien cobra del abismo
piedad, ingenio, salud.
En la cópula del pecado,
como el fimo en el sembrado,
pone a veces gran virtud.
Antes y después y ahora,
Suerte insegura y traidora,
y hermano de Abel Caín:
Montes y valles en fuga…
Un piélago que se arruga
el soplo del huracán,
y que tímido y aleve
hace con índigo y nieve
cumbres y fotos que van.
Leyenda pueril o estulta
la raza que no resulta
varía en seso y corazón
y que libre, no resbala
prócer, húmil, buena y mala,
camino del panteón.
El río labra su lecho,
y torcido y no de derecho
asocía en curso de azar
detritus, piedras, hervores,
tersuras, brillos y flores,
y rueda con todo al mar!
Salvador Díaz Mirón
Familia
Como hicieron el aseo durante toda la mañana, mis hijas han expulsado
de la casa al perro, a la gata y a sus tres hijos.
¿Qué, no son parte, pues, de la familia humana?
Protesto en vano.
En vano maúllan y ladran y tratan de penetrar
Furtivamente.
Me instalaré con ellos una hora en el patio.
Jaime Sabines
Retrato de familia
¿Quiénes son los extraños que nos contemplan
desde el fondo del gris retrato?
Dieciséis años son un enorme trozo de siglo;
generaciones, vidas, historias.
Broma pesada de cualquier moda:
cómo ridiculiza al viejo presente,
nos obliga a reírnos de nuestro aspecto.
Qué jóvenes, qué niños parecen todos.
Cómo han cambiado nuestros muertos.
Cada quien con su muerte a cuestas
pero nadie vio la guadaña.
El vendaval se lo llevó todo.
Todos envejecimos menos la abuela
-más hermosa que nunca a sus ochenta años.
José Emilio Pacheco
DUÉRMETE, mi niño con calentura,
con dolor de cabeza,
estírate.
Duérmete con todo el cuerpo, niño,
envidia de los ángeles,
hijito enfermo.
Duérmete hasta mañana.
Duérmete, duérmete.
Vámonos a dormir,
A dormirnos.
El tubo de la noche, estírate.
Que se diga que Julio se duerme
(Porque en la noche viene Tará
Y te quita la enfermedad.
Luego encendemos el sol
Con un cerillo de alcohol.)
Pero duérmete mi niño,
mi pedacito, a dormir,
a dormirse ya.
(Don Julio el fanfarrón,
don Julito es un fregón.)
Voy a sacudir tu cama:
que no tenga calentura
ni dolor de barriga
ni pulgas.
Aquí pongo este letrero
contra los mosquitos:
que nadie moleste a mi hijo.
Vamos a cantar:
tararí, tatá.
El viejo cojo
Se duerme con un solo ojo.
El viejo manco
Duerme trepado en un zanco.
Tararí, totó.
No me diga usted: se empieza a dormir mi pie.
Voy a subirlo a mi cuna
Antes de que venga la tía Luna.
Tararí, tuí,
tuí.
Jaime Sabines
La madre triste
Duerme, duerme, dueño mío,
sin zozobra, sin temor,
aunque no se duerma mi alma,
aunque no descanse yo.
Duerme, duerme y en la noche
seas tú menos rumor
que la hoja de la hierba,
que la seda del vellón.
Duerma en ti la carne mía,
mi zozobra, mi temblor.
En ti ciérrense mis ojos:
¡duerma en ti mi corazón!
Gabriela Mistral
El niño solo
Como escuchase un llanto, me paré en el repecho
y me acerqué a la puerta del rancho del camino.
Un niño de ojos dulces me miró desde el lecho.
¡Y una ternura inmensa me embriagó como un vino!
La madre se tardó, curvada en el barbecho;
el niño, al despertar, buscó el pezón de la rosa
y rompió en llanto... Yo lo estreché contra el pecho,
y una canción de cuna me subió, temblorosa...
Por la ventana abierta la luna nos miraba.
El niño ya dormía, y la canción bañaba,
como otro resplandor, mi pecho enriquecido...
Y cuando la mujer, trémula, abrió la puerta,
me vería en el rostro tanta ventura cierta
¡que me dejó el infante en los brazos dormido!
Gabriela Mistral
La tierra y la mujer
Mientras tiene luz el mundo
y despierto está mi niño,
por encima de su cara,
todo es un hacerse guiños.
Guiños le hace la alameda
con sus dedos amarillos,
y tras de ella vienen nubes
en piruetas de cabritos...
La cigarra, al mediodía,
con el frote le hace guiño,
y la maña de la brisa
guiña con su pañalito.
Al venir la noche hace
guiño socarrón el grillo,
y en saliendo las estrellas,
me le harán sus santos guiños...
Yo le digo a la otra Madre,
a la llena de caminos:
"¡Haz que duerma tu pequeño
para que se duerma el mío!".
Y la muy consentidora,
la rayada de caminos,
me contesta: «¡Duerme al tuyo
para que se duerma el mío!».
Gabriela Mistral
Con tal de que te duermas
La rosa colorada
cogida ayer;
el fuego y la canela
que llaman clavel;
el pan horneado
de anís con miel,
y el pez de la redoma
que la hace arder:
todito tuyo
hijito de mujer,
con tal que quieras
dormirte de una vez.
La rosa, digo:
digo el clavel.
La fruta, digo,
y digo que la miel;
y el pez de luces
y más y más también,
¡con tal que duermas
hasta el amanecer!
Gabriela Mistral
Madrecita mía,
madrecita tierna,
déjame decirte
dulzuras extremas.
Es tuyo mi cuerpo
que juntaste en ramo;
deja revolverlo
sobre tu regazo.
Juega tú a ser hoja
y yo a ser rocío:
y en tus brazos locos
tenme suspendido.
Madrecita mía,
todito mi mundo,
déjame decirte
los cariños sumos.
Gabriela Mistral
Caria
Madre, madre, tú me besas,
pero yo te beso más,
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar...
Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear.
Cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar...
Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y qué lindo niño veo
a tus ojos asomar...
El estanque copia todo
lo que tú mirando estás;
pero tú en las niñas tienes
a tu hijo y nada más.
Los ojitos que me diste
me los tengo de gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar...
Gabriela Mistral
Poema a la madre
Yo fuí medio consentido,
por ser el hijo menor,
y ya mi hermano el mayor,
me llamaba “el preferido”,
razones habrá tenido,
cada vez que me corría,
detrás de ella me ponía,
y ya estaba defendido.
Si mi padre me mandaba,
a la cama sin comer!,
la veía aparecer,
haciendo que se enojaba,
y a escondida me pasaba,
la parte mía en un plato,
y en la próxima !te mato!,
me decía… y lagrimeaba.
La atención se la pagaba,
con versos a las visitas,
que al grito de !monadita!,
contra el pecho me estrujaban,
y la frente me dañaban,
con aquellos prendedores,
que formaban corazones,
con la flecha atravesada.
Aquel delantal mojado,
de lavar en la pileta,
que retorcía de inquieta,
porque alguno había avisado,
que el hijo se había peleado,
con otro chico en la esquina,
y al rato yo aparecía,
con un ojo amoratado.
Me acuerdo como quedó,
la vez del pantalón largo,
fue el momento más amargo,
me miraba, me tocó,
decía: !como creció!,
si ayer lo hacía dormir,
y al quererse sonreír,
el llanto la traicionó.
Igual que muchos,
creí que sabía demasiado,
por unos labios pintados,
de al lado de ella me fuí,
y aquel día en que volví,
arruinado y se lo dije,
en vez de pegarme un bife,
se puso a rezar por mi.
Como castiga la vida,
como traiciona la gente,
como se dobla la frente,
por un plato de comida,
no hay uno, no hay uno,
que no te pida,
su parte, por un favor,
y se calcula el valor,
que pueda tener tu herida.
Solo ella te comprende,
el dolor de la mirada,
porque su vista cansada,
desde chico nos entiende,
solo ella te defiende,
porque sos su misma sangre,
y solo te da una madre,
la amistad que no se vende.
Yo quería hacerle versos,
como ella los merece,
los empecé tantas veces,
y no salgo del comienzo,
es que a una madre,
es que una madre, yo pienso,
que se le puede escribir ,
solo, solo se puede decir,
en la grandeza de un beso.
Héctor Gagliardi
Yo adoro a mi madre
Yo adoro a mi madre querida,
yo adoro a mi padre también;
ninguno me quiere en la vida
como ellos me saben querer.
Si duermo; ellos velan mí sueño;
si lloro, están triste los dos;
si río su rostro es risueño:
mi risa es para ellos el sol.
Me enseñan los dos con inmensa
ternura a ser humano y feliz.
mi padre para mi lucha y piensa,
mi madre ora siempre por mí.
Yo adoro a mi madre querida.
yo adoro a mi padre también;
ninguno me quiere en la vida
como ellos me saben querer.
Amado Nervo
Doña Luz
Acabo de desenterrar a mi madre,
muerta hace tiempo.
Y lo que desenterré fue una caja de rosas: frescas, fragantes,
como si hubiesen estado en un invernadero.
¡Qué raro es todo esto!.
Es muy raro también que yo tuviese una madre.
A veces pienso que la soñé demasiado,
la soñé tanto que la hice.
Casi todas las madres
son criaturas de nuestros sueños.
En la fotografía conserva
para siempre el mismo rostro.
Las fotografías son injustas, terriblemente limitadas,
esclavas de un instante perpetuamente quieto.
Una foto es como una estatua: copia del engaño,
consuelo del tiempo.
Cada vez que veo la fotografía me digo: no es ella.
Ella es mucho más.
Así, todas las cosas me la recuerdan para decirme
que ella es muchas cosas más.
Creo que estuvo en la tierra algunos años.
Creo yo también que estuve en la tierra.
¿Cuál es esa frontera?, ¿qué es eso que ahora nos separa?
,¿nos separa realmente?
A veces creo escucharla:
tú eres el fantasma, tú la sombra.
Sueña que vives, hijo,
porque es hermoso el sueño de la vida.
En un principio, con el rencor de su agonía,
no podía dormir.
Tercas, dolorosas imágenes
repetían su muerte noche a noche.
Eran mis ojos sucios,
lastimados de verla;
el tiempo del sobresalto
y de la angustia.
¡Qué infinitas caídas agarrado a la almohada,
la oscuridad girando, la boca sea, el espanto!.
Pero una vez, amaneciendo, la luz indecisa en las ventanas,
pasó su mano sobre mi rostro, cerró mis ojos.
¡Qué confortablemente ciego estoy de ella!,
¡qué bien me alcanza su ternura!
¡Qué grande ha de ser su amor
que me da su olvido!
Si tú me lo permites, doña Luz, te llevo a mi espalda,
te paseo en hombros para volver a ver el mundo.
Quiero seguir dándote el beso en la frente,
en la mañana y en la noche y al mediodía.
No quiero verte agonizar,
sino reír o enojarte o estar leyendo seriamente.
Quiero que te apasiones de nuevo por la justicia,
que hables mal de los gringos, que defiendas a Cuba y a Vietnam.
Que me digas lo que pasa en Chiapas
y en el rincón más apartado del mundo.
Que te intereses en la vida y seas generosa,
enérgica, espléndida y frutal.
Quiero pasear contigo,
pasearte en la rueda de la fortuna de la semana
y comer uvas
que tu corazón agataba a cada paso.
Tú eres un racimo, madre, un ramo, una fronda, un bosque,
un campo sembrado, un río. Toda igual a tu nombre, doña Luz, Lucero,
Lucha, manos llenas de arroz, viejecita sin años,
envejecida solo para parecerte a los vinos.
Quiero hacerte un poema, darte unas flores,
un plato de comida que te guste, alguna fruta,
un buen trago; llevarte tus nietos,
comunicarte una noticia estupenda.
De la ventana he regresado porque tu casa está vacía inexplicablemente.
¿Qué le pasa al mundo?
Lloverás en el tiempo de lluvia, harás calor en el verano, harás frío en el atardecer.
Volverás a morir otras mil veces.
Florecerás cuando todo florezca,
no eres nada, nadie, madre.
De nosotros quedará la misma huella,
la semilla del viento en el agua, el esqueleto de las hojas en la tierra.
Sobre las rocas, el tatuaje de las sombras,
en el corazón de los árboles la palabra amor.
No somos nada, nadie, madre.
Es inútil vivir pero es más inútil morir.
Jaime Sabines
Las madres nunca mueren
¡Oh, cuan lejos están aquellos días
en que cantando alegre y placentera,
jugando con mi negra cabellera,
en tu blando regazo me dormías!
¡Con que grato embeleso recogías
la balbuciente frase pasajera
que, por ser de mis labios la primera
con maternal orgullo repetías!
Hoy, que de la vejez en el quebranto,
mi barba se desata en blanco armiño,
y contemplo la vida sin encanto,
al recordar tu celestial cariño,
de mis cansados ojos brota el llanto,
porque, pensando en ti, me siento niño.
Un golpe di con temblorosa mano
sobre su tumba venerada y triste;
y nadie respondió... Llamé en vano
porque ¡la madre de mi amor no existe!
Volví a llamar, y del imperio frío
se alzó una voz que dijo: ¡Si existe!
Las madres, nunca mueren ... Hijo mío
desde la tumba te vigilo triste...
¡Las madres, nunca mueren!
Si dejan la envoltura terrenal,
suben a Dios, en espiral de nubes...
¡ La madre, es inmortal!
Vicente Riva Palacio y Guerrero
Canto a la mujer
Este canto no es un himno
de sonoras clarinadas,
ni de líricos arranques
ni de heroicas armonías ni de bélicas pujanzas.
Este canto no resuena
con las sordas resonancias
del crujir de los broqueles
y el chocar de las espadas.
Este canto no es la estrofa
cuyas voces acompañan,
con el pífano guerrero
y el redoble del tambor que bate marcha.
Este canto no instrumenta los rumores
del ejército que pasa
a través del áureo polvo de la gloria,
cual visión apocalíptica y extraña.
Este canto no recoge
misteriosas y coléricas palabras,
del torrente que de lo alto se despeña
y de roca en roca, salta,
y golpea enfurecido,
con furores de gigante, la montaña.
Este canto no les pide
ni los gritos a las águilas,
ni el clamor al océano,
ni el estruendo a las borrascas.
Este canto no es la ira
ni es el odio o l venganza,
no es el eco de las rudas tempestades.
que se agitan en los cielos, en los mares y en las almas.
Pero es canto de victoria,
triunfal himno, voz de hosannas,
jubilosa marsellesa,
matinal y fresca diana.
Este canto que tranquila
y amorosamente se alza,
es también un vencimiento el que celebra,
una gloria la que canta;
y aunque en él no suenan nunca
ni el ruido de las armas,
ni el piafar de los corceles
ni los pífanos de guerra del ejercito que marcha,
es un canto de bravura
es un canto de batalla,
es un canto de victoria,
es un canto de esperanza.
Glorifica, canto mio,
a la santa
creación en que parece
como que la especie humana
al verter su noble esencia
en un vaso de estructura delicad,
hermosea y dignifica
el destino misterioso de las razas.
Y por ella, por el ser amable y puro
que camina con la errante caravana,
tiene besos la ternura,
y el instinto tiene alas,
y se abre el horizonte del ensueño,
y el dolor se funde en las lagrima,
¡¿Qué transtorno, qué delirio,
qué brutal y torpe insania,
de la dulce compañera
hizo esclava?
Pero en vano; la mujer es fuerte y pudo
libertarse de la ergástula,
y tornar al gineceo con los brazos que se abrían
misericordiosamente al amor y a la esperanza.
Y aquí está risueña y grave,
y aquí está piadosa y casta,
y aquí está sumisa y dócil
y aquí está serena y alta.
No inferior ni débil como
la soñaron las costumbres de las épocas pasadas,
sino fuerte y decidida la varona
del varon con quien comparte de anhelos.
La mujer es vencedora,
vive, piensa, estudia y ama;
alza el rostro, entonces sueña;
lo inclina, entonces trabaja.
y así espera que la augusta
misión con que el secreto
de la suerte, en el futuro se prepara,
le permita penetrar en las edades
por venir, por ella manda,
hacia allá su propia vida, en la vida de los seres
--rico polen de una planta—
que guardo como deposito sagrado
en la urna misteriosa de la entraña.
¡Madre, vences en tus hijos
y eres fuerte y eres santa,
y eres todopoderosa;
y tu sangre se derrama
por el cauce de los tiempos,
y se llenan de tu alma
los espiritus que vienen,
con la enseña de los altos ideales levantada!
Y en la sombra de los días,
aun remotos, apareces como el alba
que se prende de las cumbres
y que anuncia la mañana.
Y por ti la generosa
y por ti la resignada, tiene besos la ternura,
y el instinto tiene alas,
y se abre el horizonte del ensueño
y el dolor se funde en lágrimas.
¡Oh, mujer, sigue tu ruta!
¡Oh mujer, toma tu carga!
Y consuela y acaricia y reconforta
a los tristes, a los débiles de la errante caravana.
Y al brillar la juventud en tu cabeza
con su luz primaveral y sonrosada,
o al caer sombra de muerte
en la nieve de tus canas,
ten presente que su esencia más divina
en tu forma conservo la especie humana
y que eres como campo en el que siembra
sus semillas el futuro de las razas.
Eres vaso de piedades y de amores;
vive, piensa, estudia, canta
al alzar la frente, sueña,
al abatirla, trabaja.
Y no olvides la misión a que viniste,
la misión augusta y sacra, por la cual existirás cuando tus hijos
con la herencia que les des honren la Patria.
Para ti mujer entono
este canto de batalla,
este canto de bravura,
este canto de esperanza.
Luis Gonzaga Urbina.
Dedicatoria:
Antología elaborada con mucho cariño a aquella mujer que ha velado por mí en lo momentos difíciles y ha compartido algunos de los instantes más alegres de mi existencia, mi madre, la mujer que me dio la vida.
Anexo bibliográfico del poeta:
René Chacón Linares. (1965- ). Poeta y periodista salvadoreño. Nació en San Salvador, El Salvador en 1965. Periodista y Promotor Cultural, trabaja en diferentes Instituciones Culturales en la Promoción y Difusión.
Luis Gonzaga Urbina. (México, 1868 - Madrid, 1934) Escritor mexicano. Por la hondura y calidad de su producción poética, así como por la riqueza y variedad de su extensa obra periodística, está considerado como uno de los escritores más representativos de las Letras mexicanas del primer tercio del siglo XX.
Eugenio Montale. (Génova ,1896 – Milán, 1981) Poeta italiano que aportó una visión absolutamente personal de la problemática y las inquietudes del hombre contemporáneo, partiendo de los hallazgos formales del simbolismo y del decadentismo, a los que enriqueció con una voz inconfundible. Considerado con frecuencia uno de los fundadores del hermetismo italiano de entreguerras, la singularidad de su poética desborda no obstante el presupuesto teórico de este movimiento. En 1975 se le concedió el premio Nobel de Literatura
Salvador Díaz Mirón. (Veracruz, 1853 - 1928) Político y poeta mexicano. Hijo de una familia culta (su padre era poeta y ensayista), recibió una esmerada educación humanística. Desde muy joven mostró marcada inclinación hacia el periodismo, que lo llevó a colaborar en publicaciones de Veracruz y de la Ciudad de México. En 1879 inició su carrera política al convertirse en diputado por Jalancingo, en su estado natal.
Jaime Sabines. (Tuxtla Gutiérrez, México, 1926 - Ciudad de México, 1999) Poeta mexicano. En el horizonte de la penúltima poesía mexicana, la figura de Jaime Sabines se levanta como un exponente de difícil clasificación. Alejado de las tendencias y los grupos intelectuales al uso, ajeno a cualquier capilla literaria, fue un creador solitario y desesperanzado cuyo camino se mantuvo al margen del que recorrían sus contemporáneos. Hay en su poesía un poso de amargura que se plasma en obras de un violento prosaísmo, expresado en un lenguaje cotidiano, vulgar casi, marcado por la concepción trágica del amor y por las angustias de la soledad. Su estilo, de una espontaneidad furiosa y gran brillantez, confiere a su poesía un poder de comunicación que se acerca, muchas veces, a lo conversacional, sin desdeñar el recurso a un humor directo y contundente.
José Emilio Pacheco. (Ciudad de México, 1939-2014). Poeta, narrador, ensayista y traductor, ha sido uno de los escritores más importantes de la literatura mexicana del siglo XX. Su obra poética, caracterizada por la depuración extrema de elementos ornamentales, destaca por su compromiso social con su país. Temas como el paso del tiempo, la vida o la muerte vertebran su obra. De su poesía destacan Los elementos de la noche (1963), No me preguntes cómo pasa el tiempo (1969), Los trabajos del mar (1984), Miro la tierra (1986) y Ciudad de la memoria (1989).
Gabriela Mistral. (Seudónimo literario de Lucila Godoy Alcayaga; Vicuña, Chile, 1889 - Nueva York, 1957) Poetisa y educadora chilena. Tras el declive del modernismo, parte de la lírica hispanoamericana de los años de entreguerras siguió los pasos de las vanguardias europeas: citando solamente ejemplos chilenos, éste sería el caso de Vicente Huidobro, fundador del creacionismo, o de Pablo Neruda, deudor del surrealismo en Residencia en la tierra.
Héctor Gagliardi. (Buenos Aires, 29 de noviembre de 1909 - Mar del Plata, 19 de enero de 1984)2 1 fue un destacado poeta, recitador y letrista de tango argentino, conocido por sus poesías y textos en lunfardo. Fue probablemente el poeta que mayores ventas de libros alcanzó en la historia argentina (si se exceptúa a José Hernández con su Martín Fierro), alcanzando un millón y medio de ejemplares.
Amado Nervo. (Tepic, Nayarit, 1870 - Montevideo, 1919) Poeta mexicano. Hizo sus primeros estudios en el Colegio de Jacona, pasando después al Seminario de Zamora, en el Estado de Michoacán, donde permaneció desde 1886 hasta 1891.
Vicente Riva Palacio y Guerrero. (Ciudad de México, 1832 - Madrid, España, 1896) Escritor, político y militar mexicano. Considerado por su obra narrativa uno de los principales cultivadores de la novela histórica y folletinesca en el ámbito hispanoamericano, fue una de las personalidades más ricas y de vida pública más activa en el convulso México del siglo XIX.
Fuentes de consulta:
Biografía:
Sabines, J, (2013), Antología Poética, México, Fondo de Cultura Económica.
Emilio Pacheco,J, (1983), Desde Entonces (Poemas 1975-1978), México, Biblioteca Era.
Díaz Mirón, S,(1966), Poesías Completas, México, Porrua, S.A.
Mistral, G, (2001), Poesías Completas, España, Andrés Bello.
Gonzaga Urbina, L, (1987), Poesías Completas, Porrua, S.A.
Cibergrafía:
Desconocido, (desconocida), Mi madre ese ángel, desconocida, Poemas del alma, http://www.poemas-del-alma.com/rene-chacon-linares-mi-madre-ese-angel.htm.
Álvaro Alejandro Morales, (10 de Septiembre del 2014), Poema a la madre de Hector Gagliardi, desconocida, Álvaro Morales.com.mx. Un blog a conciencia, http://alvaromorales.com.mx/poema-la-madre-de-hector-gagliardi/.
Arjona Delia, (3 de Mayo del 2010), Poemas de amor y amistad, desconocida, Poemas a la Madre, http://poemas-poesias-sonetos.blogspot.mx/2010/05/poema-para-las-madres.html.
Carlos Emilio Álvarez, (Desconocida), Chispaisas.info, desconocida, Poemas a la madre, http://www.chispaisas.info/madre5.htm
Anexo bibliográfico del poeta:
René Chacón Linares: Desconocido, (Desconocida), Poemas Poetas, Madrid – España, Poemas de René Chacón Linares, http://www.poemaspoetas.com/rene-chacon-linares
Luis Gonzaga Urbina: Desconocido, (Desconocida), Biografías y Vidas, Desconocida, Luis Gonzaga Urbina, http://www.biografiasyvidas.com/biografia/u/urbina.htm
Eugenio Montale: Desconocido, (Desconocida), Biografías y Vidas, Desconocida, Eugenio Montale, http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/montale.htm
Salvador Díaz Mirón: Desconocido, (Desconocida), Biografías y Vidas, Desconocida, Salvador Díaz Mirón, http://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/diaz_miron.htm
Jaime Sabines: Desconocido, (Desconocida), Biografías y Vidas, Desconocida, Jaime Sabines, http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/sabines.htm
José Emilio Pacheco: Desconocido, (Agosto del 2015), Instituto de Cervantes, España, José Emilio Pacheco. Biografía, http://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/pacheco_jose.htm
Gabriela Mistral: Desconocido, (Desconocida), Biografías y Vidas, Desconocida, Gabriela Mistral, http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/mistral.htm
Héctor Gagliardi: Desconocido, (2 de Diciembre del 2015), Wikipedia, Desconocida, Héctor Gagliardi, https://es.wikipedia.org/wiki/H%C3%A9ctor_Gagliardi
Amado Nervo: Desconocido, (Desconocida), Biografías y Vidas, Desconocida, Amado Nervo, http://www.biografiasyvidas.com/biografia/n/nervo.htm
Vicente Riva Palacio y Guerrero: Desconocido, (Desconocida), Biografías y Vidas, Desconocida, Amado Nervo, http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/riva_palacio.htm
De muy buena calidad los texto. EL prólogo es muy claro, lo felicito. ;)
ResponderEliminarMe encanto ... felicitaciónes
ResponderEliminar